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Declaración de principios

Que es un poco tarde para hacer una declaración de principios, ya lo sé; que el blog tiene ya más de un mes, ya lo sé, pero creo que aún así es necesario declarar ciertas cosas.

Primero: el maravilloso nombre de este blog: «El correo de Ultramar. Periódico de modas», lamentablemente no ha sido de mi invención (no voy a prodigar un esmalte de intelectualidad que no es mío, aunque el exquisito gusto de escogerlo, sí lo sea), sino que corresponde a un periódico que efectivamente se publicó en París entre los años 1842 y 1886. Esta publicación «se presenta como órgano de comunicación entre España, Francia y sus respectivas colonias[…] El contenido, esencialmente informativo en cuestiones políticas y comerciales, no descarta temas culturales. Así, los folletines, las noticias de la vida parisiense, de los teatros, los últimos descubrimientos científicos encuentran cabida en el periódico» (Catherine Sablonniere, El Correo de Ultramar (1842-1886) y la ciencia: entre labor educativa y propaganda política).

El periódico pretendía no solo informar sino también educar a sus lectores a través de un tipo de prensa enciclopédica que creía necesaria «la divulgación de la ciencia y de la técnica para fomentar el progreso y la modernización de la nación, [lo que] es aprovechada por los sectores progresistas para difundir valores propios y una ideología política a favor del progreso en la sociedad y en la política» (Catherine Sablonniere). Asimismo, buscaba una apertura entre las naciones, sobre todo entre Europa y América, además de un sentimiento apolítico que no siempre pudo cumplir, pues entre sus páginas se traslucía la anglofobia.

Segundo: junto con El correo de Ultramar se publicaba una revista de modas llamada La Moda del Correo de Ultramar. Periódico de las novedades elegantes. Destinado a las señoras y señoritas y que luego pasó a denominarse Moda de la elegancia parisiense (1869-1886). En sus páginas se incluían crónicas de moda, modelos de trajes, figurines de modas, labores a la aguja, crochets, bordados, tocados, etc. Pues bien, de ahí proviene la inspiración gráfica de este blog y de ella me serviré en lo sucesivo.

Tercero: el blog no es solo para señoras y señoritas. ¡Por favor, que no se me acuse de nada parecido! El atractivo del periódico residía en «lo variado de su contenido y la calidad tanto de la revista ilustrada como del suplemento de modas[…] La oferta se adapta a la especialidad del redactor del artículo y a las exigencias supuestas del lector» (Catherine Sablonniere).Esa es mi premisa, así es que animo a mis lectores masculinos a entrar en el blog, prometo no desteñir.

 
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Publicado por en abril 10, 2012 en Uncategorized

 

Un don juan portugués

«En toda mi vida he visto
florentín más portugués» (vv. 1909-1910)

 

De esta manera responde Nise, una de las damas de La banda y la flor, a los requerimientos amorosos de Enrique, luego de ver cómo antes ha cortejado a sus primas Lísida y Clori. Los versos son eco de una tendencia muy anterior (y ya extendida en el Siglo de Oro) que radica en otorgar ciertas características generales a personajes particulares según sea su procedencia, así por ejemplo, los ingleses eran conocidos por comilones, los holandeses por bebedores y los franceses por su orgullo.

 

De este modo, tanto la preceptiva aristotélica como la horaciana, y, hasta llegar a la renacentista dan cuenta de la existencia de determinados estereotipos nacionales. En el caso de los portugueses, se los caracterizaba como «“amantes, derretidos, altaneros y a par de Deus”»[1]. Calderón, y otros autores del Siglo de Oro, aluden a esta identificación en variadas ocasiones, estableciendo la sinonimia entre amante y portugués. Lope, en su comedia La mayor virtud de un rey, señala:

«Andad que sois portugués

y amáis por naturaleza.

Huélgome que así me honréis;

que quien portugués no fuera,

ni os amara, ni entendiera

lo mucho que merecéis».

 

En otras ocasiones el mismo Lope sostiene:

«dicen que amor

es tan propio portugués»  (El galán más portugués, Duque de Berganza,  vv. 93-94).

 

Tirso de Molina, por su parte, los vincula directamente con el amor en Doña Beatriz de Silva:

«Ya, amor, pues ella se ausenta,

no os llaméis más portugués» (vv. 630-631).

 

Erik Coenen ha estudiado con detenimiento este tema en «Poética y carácter nacional: los catálogos de atributos nacionales en las poéticas (neo)clasicistas», Estudios clásicos, 130, 2006, pp. 65-85.

 

Mientras, a cualquier hora y en cualquier lugar, podemos seguir encontrándonos con florentines portugueses o don juanes de variadas procedencias. Cuidado con ellos.


[1] Ver la edición de Erik Coenen a la obra A secreto agravio, secreta venganza, Madrid, Cátedra, 2011, pp. 61-63.

 
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Publicado por en marzo 15, 2012 en Uncategorized

 

«La historia de una variante: La banda y la flor de Calderón de la Barca en la conflictiva Sexta parte de comedias»

«La historia de una variante: La banda y la flor de Calderón de la Barca en la conflictiva Sexta parte de comedias»

Jéssica Castro Rivas

GRISO-Universidad de Navarra
Universidad de Chile

 

La presente propuesta se enmarca en el ámbito de la crítica y transmisión textual de las diferentes ediciones de una comedia española del siglo XVII. Los testimonios conservados de la comedia calderoniana La banda y la flor son, en su mayoría, versiones impresas. Solo uno de ellos es una versión manuscrita tardía (1831) que, al parecer, habría servido como texto base para una representación debido a la gran supresión de versos y anotaciones que así lo indican. Los demás testimonios corresponden, de manera general, a ediciones sueltas pertenecientes a los siglos XVII y XVIII; asimismo, existen algunas versiones incluidas en partes de comedias.

La práctica de vender comedias sueltas comienza en la primera década del siglo XVI y supone, en muchos casos, un auge de ventas de diferentes obras teatrales. Asimismo, las partes de comedias se inauguran con relativa rapidez: la colección de Diferentes empiezan a publicarse a partir de 1625 y en 1652 aparece la Primera parte de comedias escogidas de los mejores ingenios de España. La serie finaliza en el año 1704 con Escogidas cuarenta y ocho, con un promedio de un volumen por año. En 1653 la serie continúa con los volúmenes III, IV y V. La parte VI –en la que se incluye a La banda y la flor– puede haber sido editada en 1653 o 1654. Sin embargo, no existe una única Sexta parte sino que existen varias de estas partes con sus correspondientes variaciones y todas reclaman para sí su autenticidad.

Existen ocho volúmenes de la Sexta parte: dos en la Österreichische Nationalbibliothek de Viena, uno en la Biblioteca Nacional de España, uno en la British Library de Londres, uno en la Biblioteca Nacional de Florencia, uno en la Bodleian Library de Oxford, uno en la Boston Public Library, y el último en la Universitätsbibliothek Freiburg. Pueden distinguirse diferentes grupos según su fecha de composición: aquellos que habrían sido impresos alrededor de 1654, es decir, la versión de Oxford, una de Viena, y la de Florencia. Por su parte, el segundo grupo habría sido impreso entre 1673 y 1676, cuyas versiones son las de Londres, Madrid y Boston. Por último, se encuentra el volumen de Friburgo que habría salido a la luz entre 1664 y 1676.

Como se ve, no todos los ejemplares contienen a La banda y la flor, y los que sí la incluyen tampoco presentan una única versión de la misma. El cotejo de estos testimonios y el posterior análisis de sus variantes permiten refutar la teoría de que al ser compuestos por una misma imprenta y en el mismo año, cada uno de los ejemplares de los diferentes grupos correspondería a una misma versión, ya que algunas de estas sueltas presentan distintas emisiones o variantes de imprenta. De este modo, el objetivo de esta comunicación es demostrar que las versiones de la comedia manifiestan un texto en común contenido en las Sextas partes, pero con diversas bifurcaciones que señalan cambios e influencias externas.

El artículo completo forma parte del estudio textual de la comedia que edito y que próximamente aparecerá publicado.

 
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Publicado por en febrero 22, 2012 en Uncategorized

 

«La jura del príncipe Baltasar Carlos: exaltación y propaganda política en La banda y la flor de Pedro Calderón de la Barca»

«La jura del príncipe Baltasar Carlos: exaltación y propaganda política en La banda y la flor de Pedro Calderón de la Barca»

Jéssica Castro Rivas

GRISO-Universidad de Navarra
Universidad de Chile

El siglo XVII español presenta varios cambios y reajustes que llevan a la monarquía a un estado de depresión y crisis que lo impulsa a buscar diferentes modos de solución. En ese contexto de reforma y transformación, se hace imprescindible un programa de innovaciones que involucren a los ámbitos políticos y económicos del Estado. Dicho plan de medidas fue realizado por el conde-duque de Olivares, quien tuvo como objetivo el aumento del poder monárquico y la unión de los reinos y ciudades españoles.

   En este escenario se produce la jura del príncipe Baltasar Carlos de Austria, celebrada el 7 de marzo de 1632 en el monasterio de San Jerónimo, la cual se revela como un medio eficaz de obtención de garantías y soluciones a los diversos problemas a los que se enfrentaban en ese momento, pues, de cierto modo, funcionó como la coartada perfecta para la convocación de las Cortes, que desde ahí procedieron con plenos poderes, sin necesidad de acudir a las respectivas ciudades para ratificar las decisiones que ya habían sido tomadas en esa instancia. Así, el juramento de fidelidad de los súbditos de la corona fue una de las medidas tomadas por el conde-duque para llevar a cabo una selecta propaganda política al servicio de los ideales monárquicos. Este acontecimiento impulsó la creación e impresión de algunas relaciones que narraban de manera pormenorizada la asunción del heredero, entre ellas se destacan la de Juan Gómez de Mora, trazador y maestro mayor de las obras reales y la escrita por don Antonio Hurtado de Mendoza secretario de la cámara del rey y de la inquisición.

Como consecuencia de esta línea histórica impulsada por las relaciones, la jura del príncipe dio lugar a una serie de manifestaciones literarias, tales como el poema «Jura de el Serenísimo Príncipe don Baltasar Carlos» de Francisco de Quevedo, el auto sacramental «La jura del príncipe» de Mira de Amescua, y la relación en verso de Pedro Calderón de la Barca, insertada en la primera jornada de su comedia La banda y la flor. Dichas obras también participan del carácter propagandístico atribuido al acto de la jura, son, por lo tanto, manifestaciones artísticas al servicio de las aspiraciones de la corona. De este modo, es posible sostener que la jura del príncipe Baltasar Carlos actúo como medio de exaltación y propaganda política de la monarquía española, justamente en ese difícil momento que estaban viviendo.

El artículo completo aparecerá publicado próximamente.

 
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Publicado por en febrero 22, 2012 en Uncategorized

 

El Quijote en Chile

El Quijote en Chile: el caso de los MicroQuijotes (2005) de Juan Armando Epple

Jéssica Castro Rivas

Dentro de la historia literaria hispanoamericana Cervantes ocupa un lugar de privilegio desde el momento en que sus obras llegaron a América en el siglo XVII. El estudio de su influencia se encuentra diseminado por la mayoría de las naciones americanas, entre las que Chile ocupa un importante espacio.

Uno de los primeros cervantistas que se ocupó del influjo de Cervantes en Chile fue José Toribio Medina, quien en su texto de 1923, Cervantes en las letras chilenas, realiza una completa revisión del estado de la cuestión, indicando el retraso con que El Quijote habría ingresado en el país debido principalmente a la diferencia cultural entre Chile y las cortes virreinales de Perú y México. Sin embargo, con el paso del tiempo esta diferencia fue disminuyendo, multiplicándose las obras cervantistas propiamente chilenas, ya sea las de inspiración directa de Cervantes (como es el caso de Antonio Espiñeira, Juan Rafael Allende, José Luis Fermandois, Egidio Poblete, Augusto D´Halmar, entre otros); o estudios críticos y de recopilación de lo hecho en las letras chilenas en relación a Cervantes (se destaca lo realizado por Leonardo Eliz, Juan Uribe-Echevarría, Maurice W. Sullivan, Roque Esteban Scarpa, etc.).

Las recreaciones cervantinas, en especial las quijotescas, no han dejado de sucederse a través del tiempo, mostrando diferentes perspectivas y funciones. Así lo demuestra la reciente antología de microcuentos, preparada por el destacado académico chileno Juan Armando Epple y publicada en el año 2005. Estos pequeños textos han sido realizados por escritores, en su mayoría, latinoamericanos, quienes tomando como base al Quijote de Cervantes han introducido su personal visión sobre algunos temas colindantes al texto, tales como la introducción de personajes secundarios que actúan ahora como protagónicos, entrega de versiones diferentes de la realidad, reivindicación de Cide Hamete como autor de la obra, importancia de tres figuras femeninas: Aldonza Lorenzo, Dulcinea y Teresa Panza, preponderancia de una lectura idealista del texto, entre otros.

El objetivo de este trabajo es estudiar esta antología que cuenta con la participación de distinguidos cuentistas chilenos como Andrés Gallardo, Pía Barros, Jorge Etcheverry, Juan Armando Epple, Diego Muñoz Valenzuela, Luis Correa-Díaz, Lilian Elphick y Lina Meruane. Todos ellos se adentran en el maravilloso mundo quijotesco extrayendo de él visiones que se ven plasmadas en sus diferentes cuentos formando un cosmos unido y a la vez discrepante, que se distingue por la presentación de aspectos que reflejan la identidad chilena mediante el uso de un lenguaje coloquial y personajes propios del ámbito rural.

Este artículo apareció recientemente en:

Visiones y Revisiones cervantinas. Actas selectas del VII Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas, Madrid, Ediciones del Centro de Estudios Cervantinos, Edición On-line. CD-ROM (ISBN: 978-84-96408-89-0).

Puedes mirar el artículo completo  en:

El Quijote en Chile

 
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Publicado por en febrero 21, 2012 en Uncategorized