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Remedios de amor

«Duque               No hay fuerza que venza a amor.

Enrique              Una sola suele haber.

Duque                 ¿Cuál es?

Enrique                            Quererle vencer» (vv. 1971-1973b).
De este modo comienza la Jornada tercera de La banda y la flor, en ella el Duque sufriente de amor por Nise declara a Enrique que no hay manera de dejar de pensar en su amada. Sin embargo, Enrique no tiene la misma opinión y le recomienda que lo intente, que tome la firme resolución de alejarla de sus pensamientos, es decir, que realice un acto de voluntad, pues la única fuerza capaz de vencer al amor es la decisión de querer vencerlo.

Así también, la voluntad de vencer al amor se encuentra presente en la comedia calderoniana El galán fantasma, pues en ella se señala: «Ovidio dice hablando del remedio / de amor; cuál es el medio; oye el verso. Holgareme de sabelle. / “Para vencer amor, querer vencelle”»[1]; o también Lope de Vega en La esclava de su galán[2]: «un milagro de amor ha sucedido / que fue con otro amor quedar vencido. / Si tiene alguna cura / la locura de amor, es la hermosura / de otra mujer, y así dijo un poeta; / aunque es pasión que tanto nos sujeta / para vencer amor querer vencelle»; y el mismo Lope en su Soneto II[3]: «Mas consolarse puede mi disgusto, / que es el deseo del remedio indicio, / y el remedio de amor querer vencelle» (vv. 12-14).

Estos versos recuerdan a Para vencer amor, querer vencerle, la cual no solo es el título de una comedia de Calderón, sino que un tópico proveniente de la literatura clásica, específicamente de Ovidio y su obra Remedios de amor[4], y muy presente en la literatura renacentista. En ella, Ovidio recomienda a los jóvenes el modo de escapar de los sufrimientos amorosos: «Acudid a mis lecciones, jóvenes burlados que encontrasteis en el amor tristísimos desencantos. Yo os enseñaré a sanar de vuestras dolencias, como os enseñé a amar, y la misma mano que os causó la herida os dará la salud. La misma tierra alimenta hierbas saludables y nocivas, y a menudo la ortiga crece junto a la rosa. La lanza de Aquiles sanó la herida que ella misma infirió al hijo de Hércules».

El objetivo de Remedios de amor no es más que «extinguir las llamas crueles y libertar los corazones que gimen en vergonzosa esclavitud». De este modo, Ovidio comienza sus consejos desde el momento en que el amor recién está dando sus más débiles señales: «Si te arrepientes cuando aún no has entregado del todo tu corazón, entonces será el momento de detener los primeros pasos; destruye los gérmenes recientes de la súbita enfermedad, y que desde el principio de la carrera tu caballo se resista a pasar adelante». Según nos dice, es más sencillo exterminar estas frágiles llamas, pues con el tiempo cobrará fuerzas y será mucho más difícil salir de sus garras. Pero si ya es tarde y el amor te ha atrapado por completo «rehúye la ociosidad que favorece al amor, lo sustenta una vez nacido y es la causa y el alimento de mal tan delicioso». Escapa de él, corre fuerte, corre rápido. Ahuyéntalo, pero te preguntarás ¿cómo se hace tal cosa? Ovidio te da la respuesta: «El amor odia al trabajo; ocupa las horas, y tu salud quedará asegurada. La indolencia y el sueño no interrumpido durante largas horas, el juego de los dados y el exceso en el beber que trastorna la cabeza, sin producir hondas llagas, quebrantan las energías del ánimo, que falto de prevención se rinde a las asechanzas amorosas». Frecuenta a los amigos, emprende un viaje largo porque «si te apresuras a volver antes de la completa curación, el amor rebelde probará de nuevo en tu pecho sus armas crueles, y en vez de aprovecharte la ausencia, te sentirás más febril, más ardoroso, y con tu alejamiento habrás agravado los males que padeces».

No solo esto nos recomienda el bueno de Ovidio, sino también algo que cualquier despechado hace naturalmente: recordar todo aquello que detestaba de su antiguo amor, las aficiones, los gustos, los amigos… en fin todo lo que tuvo que aceptar para estar con él o con ella.

El poeta no termina aquí con sus preceptos, pero creo que quien se encuentre en este trance agradecerá ir a la fuente y descubrir qué más puede hacer en esos momentos de desesperación. Yo, como siempre, me permito mis propias recomendaciones: esperar con paciencia, esperar con desesperación, pero al fin y al cabo, esperar… porque nadie se muere de amor.


[1] Calderón de la Barca, P., El galán fantasma, en Comedias II, ed. S. Fernández Mosquera, Madrid, Biblioteca Castro, 2007, p. 246.

[2] Vega, L. de, La esclava de su galán, en Obras de Lope de Vega XII, publicadas por la Real Academia española, Madrid, Sucesores de Rivadeneira, 1930, p. 152.

[3] Vega, L. de, Soneto II, en Edición crítica de las Rimas de Lope de Vega. Tomo I, ed. F. Pedraza,Madrid, Universidad de Castilla-La Mancha, 1993, p. 189.

[4] Ovidio N., P., Arte de amar y Remedios de amor, Madrid, Alianza, 2003.

 
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Publicado por en abril 16, 2012 en La banda y la flor