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Archivos Mensuales: abril 2012

Don Juan de Gonzalo Torrente Ballester: reelaboración de los orígenes

 

Hace algún tiempo (bastante ya, debo confesarlo) publiqué en la Revista Chilena de Literatura un artículo en el que daba a conocer una parte de mi investigación de máster acerca de la novela de Gonzalo Torrente Ballester, Don Juan. La obra publicada en 1963 se vincula de manera directa con El Burlador de Sevilla de Tirso de Molina.

Desde su nacimiento, don Juan ha sido sometido a diversas visiones e interpretaciones, lo cual ha traído consigo la bifurcación de su naturaleza. Por un lado, nos encontramos con aquellos que han tomado como modelo la versión entregada por Tirso de Molina en su inmortal obra El Burlador de Sevilla y Convidado de piedra, incorporando en sus creaciones el elemento sobrenatural y religioso que subyace en la obra. Por otra parte, existe el camino inverso, caracterizado por aquellos que han sustituido tal elemento religioso o, en el caso de haber sido conservado, han aportado nuevas facetas que definen a don Juan.

La importancia de este personaje lo ha llevado a ser objeto de múltiples recreaciones y transformaciones a través del tiempo. De esta manera se puede apreciar como don Juan fue intelectualizado en Francia a través de la intervención de Molière en Don Juan ou festin de Pierre; idealizado en Alemania por la obra compuesta en conjunto por Lorenzo da Ponte y Mozart, titulada Don Giovanni y, finalmente, sentimentalizado por Zorrilla en Don Juan Tenorio. Se convierte así en expresión del triunfo del amor, condición que le otorga su gran popularidad entre el público de todos los tiempos.

Don Juan, enamorado y redimido mediante el amor, deja de ser don Juan del mismo modo como han dejado de serlo una serie de sucedáneos del personaje, los que han sido representados como ancianos, padres de familia, arrepentidos, etc. La condición esencial del personaje se relaciona fundamentalmente con lo teológico: en el momento en que enfrenta a Dios posponiendo el arrepentimiento infinitamente, reconocemos en forma nítida a la figura de don Juan.

El Don Juan de Torrente Ballester surge como respuesta a esta y otras degradaciones que se han hecho en torno al personaje. El objetivo fundamental de la obra radica en explicitar las verdaderas razones de su donjuanismo. Estas razones se relacionan con la peculiar concepción que posee el autor sobre la cuestión teológica, específicamente con la disyuntiva entre libre albedrío y predestinación.

Puedes leer el artículo completo en: http://www.cyberhumanitatis.uchile.cl/index.php/RCL/article/viewArticle/1449/8773#af1

 

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Publicado por en abril 26, 2012 en Don Juan

 

Remedios de amor

«Duque               No hay fuerza que venza a amor.

Enrique              Una sola suele haber.

Duque                 ¿Cuál es?

Enrique                            Quererle vencer» (vv. 1971-1973b).
De este modo comienza la Jornada tercera de La banda y la flor, en ella el Duque sufriente de amor por Nise declara a Enrique que no hay manera de dejar de pensar en su amada. Sin embargo, Enrique no tiene la misma opinión y le recomienda que lo intente, que tome la firme resolución de alejarla de sus pensamientos, es decir, que realice un acto de voluntad, pues la única fuerza capaz de vencer al amor es la decisión de querer vencerlo.

Así también, la voluntad de vencer al amor se encuentra presente en la comedia calderoniana El galán fantasma, pues en ella se señala: «Ovidio dice hablando del remedio / de amor; cuál es el medio; oye el verso. Holgareme de sabelle. / “Para vencer amor, querer vencelle”»[1]; o también Lope de Vega en La esclava de su galán[2]: «un milagro de amor ha sucedido / que fue con otro amor quedar vencido. / Si tiene alguna cura / la locura de amor, es la hermosura / de otra mujer, y así dijo un poeta; / aunque es pasión que tanto nos sujeta / para vencer amor querer vencelle»; y el mismo Lope en su Soneto II[3]: «Mas consolarse puede mi disgusto, / que es el deseo del remedio indicio, / y el remedio de amor querer vencelle» (vv. 12-14).

Estos versos recuerdan a Para vencer amor, querer vencerle, la cual no solo es el título de una comedia de Calderón, sino que un tópico proveniente de la literatura clásica, específicamente de Ovidio y su obra Remedios de amor[4], y muy presente en la literatura renacentista. En ella, Ovidio recomienda a los jóvenes el modo de escapar de los sufrimientos amorosos: «Acudid a mis lecciones, jóvenes burlados que encontrasteis en el amor tristísimos desencantos. Yo os enseñaré a sanar de vuestras dolencias, como os enseñé a amar, y la misma mano que os causó la herida os dará la salud. La misma tierra alimenta hierbas saludables y nocivas, y a menudo la ortiga crece junto a la rosa. La lanza de Aquiles sanó la herida que ella misma infirió al hijo de Hércules».

El objetivo de Remedios de amor no es más que «extinguir las llamas crueles y libertar los corazones que gimen en vergonzosa esclavitud». De este modo, Ovidio comienza sus consejos desde el momento en que el amor recién está dando sus más débiles señales: «Si te arrepientes cuando aún no has entregado del todo tu corazón, entonces será el momento de detener los primeros pasos; destruye los gérmenes recientes de la súbita enfermedad, y que desde el principio de la carrera tu caballo se resista a pasar adelante». Según nos dice, es más sencillo exterminar estas frágiles llamas, pues con el tiempo cobrará fuerzas y será mucho más difícil salir de sus garras. Pero si ya es tarde y el amor te ha atrapado por completo «rehúye la ociosidad que favorece al amor, lo sustenta una vez nacido y es la causa y el alimento de mal tan delicioso». Escapa de él, corre fuerte, corre rápido. Ahuyéntalo, pero te preguntarás ¿cómo se hace tal cosa? Ovidio te da la respuesta: «El amor odia al trabajo; ocupa las horas, y tu salud quedará asegurada. La indolencia y el sueño no interrumpido durante largas horas, el juego de los dados y el exceso en el beber que trastorna la cabeza, sin producir hondas llagas, quebrantan las energías del ánimo, que falto de prevención se rinde a las asechanzas amorosas». Frecuenta a los amigos, emprende un viaje largo porque «si te apresuras a volver antes de la completa curación, el amor rebelde probará de nuevo en tu pecho sus armas crueles, y en vez de aprovecharte la ausencia, te sentirás más febril, más ardoroso, y con tu alejamiento habrás agravado los males que padeces».

No solo esto nos recomienda el bueno de Ovidio, sino también algo que cualquier despechado hace naturalmente: recordar todo aquello que detestaba de su antiguo amor, las aficiones, los gustos, los amigos… en fin todo lo que tuvo que aceptar para estar con él o con ella.

El poeta no termina aquí con sus preceptos, pero creo que quien se encuentre en este trance agradecerá ir a la fuente y descubrir qué más puede hacer en esos momentos de desesperación. Yo, como siempre, me permito mis propias recomendaciones: esperar con paciencia, esperar con desesperación, pero al fin y al cabo, esperar… porque nadie se muere de amor.


[1] Calderón de la Barca, P., El galán fantasma, en Comedias II, ed. S. Fernández Mosquera, Madrid, Biblioteca Castro, 2007, p. 246.

[2] Vega, L. de, La esclava de su galán, en Obras de Lope de Vega XII, publicadas por la Real Academia española, Madrid, Sucesores de Rivadeneira, 1930, p. 152.

[3] Vega, L. de, Soneto II, en Edición crítica de las Rimas de Lope de Vega. Tomo I, ed. F. Pedraza,Madrid, Universidad de Castilla-La Mancha, 1993, p. 189.

[4] Ovidio N., P., Arte de amar y Remedios de amor, Madrid, Alianza, 2003.

 
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Publicado por en abril 16, 2012 en La banda y la flor

 

Declaración de principios

Que es un poco tarde para hacer una declaración de principios, ya lo sé; que el blog tiene ya más de un mes, ya lo sé, pero creo que aún así es necesario declarar ciertas cosas.

Primero: el maravilloso nombre de este blog: «El correo de Ultramar. Periódico de modas», lamentablemente no ha sido de mi invención (no voy a prodigar un esmalte de intelectualidad que no es mío, aunque el exquisito gusto de escogerlo, sí lo sea), sino que corresponde a un periódico que efectivamente se publicó en París entre los años 1842 y 1886. Esta publicación «se presenta como órgano de comunicación entre España, Francia y sus respectivas colonias[…] El contenido, esencialmente informativo en cuestiones políticas y comerciales, no descarta temas culturales. Así, los folletines, las noticias de la vida parisiense, de los teatros, los últimos descubrimientos científicos encuentran cabida en el periódico» (Catherine Sablonniere, El Correo de Ultramar (1842-1886) y la ciencia: entre labor educativa y propaganda política).

El periódico pretendía no solo informar sino también educar a sus lectores a través de un tipo de prensa enciclopédica que creía necesaria «la divulgación de la ciencia y de la técnica para fomentar el progreso y la modernización de la nación, [lo que] es aprovechada por los sectores progresistas para difundir valores propios y una ideología política a favor del progreso en la sociedad y en la política» (Catherine Sablonniere). Asimismo, buscaba una apertura entre las naciones, sobre todo entre Europa y América, además de un sentimiento apolítico que no siempre pudo cumplir, pues entre sus páginas se traslucía la anglofobia.

Segundo: junto con El correo de Ultramar se publicaba una revista de modas llamada La Moda del Correo de Ultramar. Periódico de las novedades elegantes. Destinado a las señoras y señoritas y que luego pasó a denominarse Moda de la elegancia parisiense (1869-1886). En sus páginas se incluían crónicas de moda, modelos de trajes, figurines de modas, labores a la aguja, crochets, bordados, tocados, etc. Pues bien, de ahí proviene la inspiración gráfica de este blog y de ella me serviré en lo sucesivo.

Tercero: el blog no es solo para señoras y señoritas. ¡Por favor, que no se me acuse de nada parecido! El atractivo del periódico residía en «lo variado de su contenido y la calidad tanto de la revista ilustrada como del suplemento de modas[…] La oferta se adapta a la especialidad del redactor del artículo y a las exigencias supuestas del lector» (Catherine Sablonniere).Esa es mi premisa, así es que animo a mis lectores masculinos a entrar en el blog, prometo no desteñir.

 
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Publicado por en abril 10, 2012 en Uncategorized